Cómo se maneja la relación entre una madre con su hija

Presencié un caso que me dejó completamente consternada: Rosanna, una joven universitaria de 22 años es distinguida, de figura envidiable; aunque no goza de gran simpatía entre sus compañeras sí cuenta con un pequeño entorno de amigas.

Comenzaron a perderse cosas en el salón y eran obra de Rosanna. Se averiguó que ella no compraba útiles, libros etc. con la finalidad de comprar objetos de regalo para su casa que estaba en otra ciudad. Su madre se vanagloriaba de que Rosanna no le hacía mayores gastos y que de la pensión que le enviaba hasta le alcanzaba para hacerle obsequios.

Rosanna era su hija modelo. “Mi hija no sólo es buena y responsable sino que es muy bonita, sus medidas no han cambiado desde que tenía 16 años”. La madre de Rosanna siempre le tomaba medidas para comprobar que no hubiera aumentado. Sus amigas aseguran que ella arroja los alimentos para mantener la talla de la que su madre tanto se enorgullece, lo que la hace padecer de bulimia.

Es un caso extremo pero que ejemplariza hasta qué punto pueden ser también perjudiciales unas relaciones madre e hija.

La Mamá es y será siempre de quien hemos recibido el amor más desinteresado, la insustituible, la que nos brinda todo sin esperar recibir nada a cambio.

Sin embargo hay amores maternales equivocados o ciegos y obsesivos. Así como la madre de Rosanna, a quien la hija siempre quiere complacer hasta con acciones delictuosas, porque recibir su beneplácito se ha convertido en una obsesión. A pesar de este afán, sospechamos que Rosanna cree no estar a la altura de las miras de su madre.

Y es tan fuerte este sentimiento que, inclusive las mujeres más prominentes tiemblan si no consiguen la aprobación de Mamá. Como una mujer política muy competitiva, quien al perder la elección a la presidencia del parlamento no se atrevía a llegar a su casa, porque no sabía cómo darle la noticia a su madre.

Los psicólogos explican que vivir esperando el beneplácito de Mamá es un síntoma de neurosis. Que probablemente se ha inculcado a la niña que solamente la madre es la que sabe lo que le conviene.

Aunque a una joven presionada por su madre se le aconseja mudarse a otra casa; el caso de Rosanna nos hace ver que a pesar de no vivir con ella, la madre sigue dando mandatos en la mente de Rosanna. De nada vale pues, si no hay un crecimiento personal; por lo que si se debe seguir viviendo con Mamá, lo que se debe hacer es aprender a decidir por sí sola, madurar lo suficiente para dilucidar qué es lo bueno y malo para una, cuál es lo correcto y cuál lo equivocado en nuestros enfoques. Y es mejor rodearse de gente que le aprecie como es usted.

DEJAR EL PAPEL DE NIÑA

Recordemos que el crecimiento, significa abandonar el papel de niña a quien la mamá le sirve la comida, le cose los botones, le da propinas. Una persona adulta es aquella que sabe resolver sus problemas personales, incluyendo lo económico.

Una tiene que asumir responsabilidad si quiere que la traten como adulta. Hoy en día, la mayoría de las Mamás trabajan en la calle; es ocasión para que una hija que quiere crecer, ayude en la comida, lave parte de la ropa… le dé, en fin una mano a Mamá, así y sólo así, la hija tiene derecho a esperar trato de adulta, sobre todo en campos conflictivos como las relaciones amorosas.

Cuando una tiene que recurrir a la mentira y a las apariencias para ocultar sus actos, deseos y actitudes, entonces no puede existir una relación estrecha y madura con la madre. Si se teme compartir su criterio con ella, significa que no se ha crecido, que aún está ahí la niña que teme disgustar a mamá.

Hay que tener en cuenta que cabe la posibilidad de que se esté juzgando mal a la madre, y de que aunque ella no sea una mujer de ideas avanzadas, debe guardar mucho amor en su corazón y probablemente entienda mucho más a su hija de lo que parezca.

LA MAMÁ TAMBIÉN FUE HIJA

¿Qué sabe usted en realidad de su madre? ¿Sabe cómo fueron las relaciones de ella con su propia madre? ¿Si se rebeló alguna vez contra las restricciones que la imponían en su tiempo? ¿Si se hacía las mismas preguntas que usted?

Aprenda a conocer a su madre. Resulta muy triste que aunque desde la niñez las madres se ocupen de llevar a sus hijas a las clases de ballet, al gimnasio o al parque, muy pocas veces hagan tiempo para sentarse a conversar con ellas.

Trate de ver a su madre como a una persona, no como a su Mamá. Es difícil ser objetiva con la propia madre, por una razón de amor filial se la quiere perfecta, ejemplar. La queremos poner de paradigma, admirarla, aprender de ella. Y si se observa en ella una conducta que no va con los cánones que nos hemos fijado, se piensa que no tiene derecho a actuar así. Entonces una se queda desilusionada simplemente porque ella no ha actuado como madre sino como un ser humano cualquiera, con sus debilidades y problemas.

Para poder mirar a la madre objetivamente, obsérvela desde el punto de vista de un biógrafo. Pregúntele sobre su vida como si acabara de conocerla, actúe como una investigadora, no como una hija. Encontrará muchos puntos de encuentro que hará que las relaciones entre madre e hija se fortalezcan con lazos más amicales.

ACTITUDES QUE IRRITAN

Hay actitudes de la madre que irritan a las hijas. Una de ellas es la sumisión hacia un padre machista. “Me irrita que mi madre tenga que levantarse hacia medianoche porque a mi padre se le antojó una limonada”, decía una joven.

Otra puede ser su falta de conocimientos: “Me desespera lo poca cosa que es en cuestiones de dinero, ni siquiera sabe hacer gestiones en un banco”. “A mi madre la política le parece que es cosa de hombres, pobrecita”.

Se dice que las brechas generacionales son difíciles de salvar, pero cuando existe amor también debe haber paciencia. Si su madre le pide ayuda, pregúntele lo que quiere y ayúdela a mejorar su mundo según su propia versión.

Quizás usted pueda ayudar a su mamá, animándola a que abra su propia cuenta corriente. Y si le contesta que eso es cosa de su padre, cuéntele lo que les pasa a las mujeres que se quedan solas cuando el marido muere o se les va con otra.

Si le ha hablado de poner un negocio, ayúdela a encontrar el valor y la confianza para comercializar su pastel de fresas o abrir un taller de decoración. Quizás ella se sienta feliz con las tareas domésticas, pero muchas mujeres se aburren y se deprimen cuando sus hijos crecen, y les encantaría que una hija cariñosa le ayudará a reorientarse.

Quizás ella esté atravesando tiempos difíciles con la menopausia o ande preocupada por su propia madre o sus otros hijos. O a lo mejor es usted quien está en crisis porque no sabe si ha elegido la carrera o el hombre que le conviene. En ese caso, lo mejor es esperar hasta que las dos se hayan tranquilizado.

Si usted es casada o vive en otro lado, no excluya a su madre de su vida. Es bueno que sea independiente, pero una madre es una madre. Trate de demostrarle que usted se preocupa por ella, será mutuo el bienestar intercambiando besos y caricias.¿Alguna vez le ha dejado una nota diciéndole que la quiere… o le ha mandado flores aunque no sea el día de las madres? Una simple llamada por teléfono sólo para saludarle es un gesto que le hará sentirse satisfecha.

Sea respetuosa y cariñosa, llámela a menudo para saber si está bien, pero no se sienta obligada a visitarla. Piense que usted nunca se perdonará si su madre se muere y sólo le quedara el recuerdo de palabras amargas entre ustedes…

Quizás el mejor consejo sea el siguiente: Trate de amar a su madre de la misma forma compasiva e indulgente en que usted espera que su propia hija la quiera un día.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*